Tema 4: La evaluación en el aula de lenguas extranjeras: evaluación inicial, formal y final; uso de descriptores (rúbricas)
¡Hola mundo!

Cualquier proceso de aprendizaje debe llevar aparejado de modo inherente una evaluación del mismo en todas sus dimensiones. ¿Pero qué conocemos de la evaluación?
Antes de nada me gustaría explicar de dónde viene el término
inglés “assessment” (evaluación): procede del latín “assidere”,
que significa “sentarse junto a”. Si nos atenemos a este significado, la
evaluación se describiría como el proceso de sentarse y trabajar junto al
alumno para embarcarse en una búsqueda de nuevos conocimientos. Sin embargo, estoy casi segura de que la visión de
la gran parte de los estudiantes es totalmente diferente: entendiendo la
evaluación como el examen final en el que se escupen todos los conocimientos
absorbidos en clase y que tras el examen olvidarán.
Como podemos ver, suele confundirse el término “evaluar” con “examinar”. La evaluación consiste en recoger de forma sistemática la información para tomar decisiones utilizando métodos cuantitativos y/o cualitativos . En cambio, la prueba, test o examen sería el sirven para medir las habilidades, el conocimiento o la actuación. Con todo, evaluar es un proceso más amplio y sin duda más complejo que examinar; la confusión tal vez proceda del hecho de que durante mucho tiempo la evaluación se ha limitado al examen tradicional, convirtiéndose en un simple número.
Como podemos ver, suele confundirse el término “evaluar” con “examinar”. La evaluación consiste en recoger de forma sistemática la información para tomar decisiones utilizando métodos cuantitativos y/o cualitativos . En cambio, la prueba, test o examen sería el sirven para medir las habilidades, el conocimiento o la actuación. Con todo, evaluar es un proceso más amplio y sin duda más complejo que examinar; la confusión tal vez proceda del hecho de que durante mucho tiempo la evaluación se ha limitado al examen tradicional, convirtiéndose en un simple número.
Entrando más
en detalle en la evaluación, hay tres modalidades de evaluación que son
necesarias y complementarias para una valoración global y objetiva del proceso
de enseñanza-aprendizaje. Se distinguen: evaluación inicial, formal y sumativa.
Aquí os dejo una presentación sobre los tipos de evaluación educativa para
conocer más en detalle para qué sirven, cuándo hay que realizarlas y
cómo.
Todo docente
debe tener en cuenta que no es suficiente con decirle al alumnado que su tarea
está bien o mal, necesita saber el porqué; de ahí que sea necesario
proporcionarles un feedback. Una evaluación que no lleve aparejada una
retroalimentación se puede convertir en algo traumático y sin sentido para el
alumnado, ya que le generará un estrés por conseguir aprobar el examen,
sin más. Es por ello que, si a la evaluación le sumamos este feedback,
tendremos un proceso de enseñanza-aprendizaje mucho más rico tanto para el
docente como para el discente: permite a los docentes tener un intercambio de
opiniones con el alumno acerca de los resultados obtenidos , a la vez que nos hace conocer las dificultades presentadas por los
alumnos con respecto al tema trabajado; y a los alumnos les da la posibilidad
de reflexionar sobre sus destrezas y aptitudes y les permite visualizar sus dificultades y ver de qué modo podrá
resolverlas.
Sin embargo,
el feedback no es el único instrumento que hace partícipe al alumnado en su
propio proceso de aprendizaje. Con frecuencia se olvida que la co-responsabilidad
de la evaluación es posible si tanto aprendices como docentes “juegan con las
mismas cartas”; lo que significa que el alumnado debe estar informado no sólo
de los contenidos y de los objetivos del curso, sino también de los
criterios de evaluación. Es decir, no basta con transmitir a los alumnos la
puntuación de cada prueba; sino que el docente debe explicar los aspectos, los puntos,
los niveles…que va a evaluar y cómo lo hará. En este caso uno de los elementos
de evaluación más utilizados es la “rúbrica”.
Las rúbricas constituyen una herramienta que ayuda a evaluar el aprendizaje
del alumnado haciendo que los propios estudiantes también conozcan sus errores
mediante la autoevaluación. La rúbrica en sí es un documento que describe
distintos niveles de calidad de una tarea o proyecto, dando un feedback
informativo inmediato al alumnado sobre el desarrollo de su trabajo durante el
proceso y una evaluación detallada sobre sus trabajos finales.
Aquí os dejo este vídeo por si queréis saber un poco más sobre las
rúbricas: tipos, beneficios y características, entre otros elementos.
Dependiendo
del uso que se le dé a la rúbrica de evaluación, se pueden distinguir tres
modalidades de evaluación: la autoevaluación, la coevaluación o la
heteroevaluación.

Si todavía no lo tenéis muy claro, aquí os dejo una publicación de la Universidad de Santo Tomás.
Dejando ya
la teoría a un lado, llegó el momento de poner en práctica los conocimientos
teóricos aprendidos. Aquí os dejo la rúbrica de evaluación que desarrollamos
para una actividad concreta de mediación, que podéis consultar en la entrada
del tema 5.
Con esta
actividad, he descubierto la complejidad que tiene redactar una rúbrica con
criterios claros y concisos. Por una vez me he puesto en la piel de un docente
y me he preguntado: ¿qué es lo que estoy evaluando? ¿qué es lo que quiero? He
de reconocer que es una tarea bastante ardua que supone tiempo por parte del
docente sin embargo ahorrará tiempo al docente a la hora de corregir y
proporcionará una idea al alumnado sobre qué es lo que se les evalúa y cómo
mejorar. También me ha permitido conocer otros instrumentos de evaluación
similares a la rúbrica como los checklists o los baremos. Si creéis que no sois
capaces de crear una rúbrica, podéis visitar este blog con las 10 herramientas TIC
para crear rúbricas.
Por último,
me gustaría resaltar la variedad de métodos de evaluación y de instrumentos que
todo docente debería utilizar y así dejar un poco más de lado el método
tradicional de los exámenes. Los exámenes no dejan de ser una técnica de
examinar y obtener una calificación, muchas veces necesarias para las distintas
fases de nuestra vida adulta; sin embargo, suelen tener algunas consecuencias
nefastas en el alumnado tales como ansiedad y estrés previas a la prueba, el
fracaso y decepción a la hora de recibir la nota numérica o la clasificación al
considerarse una persona de suficientes en la vida. Una vez más, la pregunta que
todo docente debe plantearse es: ¿qué logramos con esto? o ¿el proceso de
enseñanza-aprendizaje es efectivo o contraproducente?

¡Hola, Lara!
ResponderEliminarAntes de nada, felicidades por tu entrada. Creo que lo has explicado todo de forma muy clara y organizada, al mismo tiempo que nos proporcionas enlaces muy interesantes y que apoyan la información que das.
En lo relativo a la elaboración de las rúbricas, estoy completamente de acuerdo contigo. Creo que es una tarea bastante compleja, especialmente ahora que todavía no tenemos ningún tipo de experiencia, pero es instrumento que puede ser muy útil. El hecho de que el alumnado pueda tener acceso a ellas, las comprenda y sepa en todo momento lo que tiene que hacer para mejorar hace que sea el responsable de su propio aprendizaje, algo que como docentes siempre deberíamos tener en cuenta.
A mí solo me han evaluado con rúbricas en algunos trabajos durante la carrera, pero en ningún momento se explicaron los criterios ni lo que se esperaba de nosotros, además de no recibir ningún tipo de feedback posterior a menos que concertaras una tutoría y, en muchas ocasiones, los profesores no eran capaces de explicar claramente las correcciones.
Con respecto a lo que comentas de la ansiedad que provocan los exámenes, concuerdo contigo. Recuerdo perfectamente que, cuando estaba en el instituto (sobre todo en Bachillerato), tenía compañeros/as que antes de los exámenes tenían que tomarse un montón de tilas y les dolía la barriga por la presión de tener que llegar a una determinada nota para poder entrar en una determinada carrera o para conseguir un resultado específico. Personalmente, creo que el alumnado no debería estar sometido a este tipo de presión ya que, en muchas ocasiones, va a ser contraproducente en muchos sentidos.
Una vez más, felicidades por tu entrada. ¡Un saludo!
Hola Lara,
ResponderEliminarAntes de nada, decirte que leyendo entradas en otros blogs (incluído el mío propio), se hace a veces un poco cansado que todos escribamos un poco las mismas cosas. Sin embargo, me ha gustado especialmente la forma en la que has empezado esta entrada, pues no tenía ni idea de dónde venía y qué significaba el término assessment y me ha parecido muy bonito, además de una buena manera de enganchar al lector.
Respecto a los contenidos, me parece que lo has explicado estupendamente, de hecho me has recordado algunos conceptos que no era consciente de haber trabajado, como el de la heteroevaluación, y que los he refrescado (¡las viñetas son muy buenos ejemplos!). En cuanto a las rúbricas, no puedo estar más de acuerdo contigo y creo que la mayoría compartimos experiencias muy parecidas en cuanto a las calificaciones en nuestra etapa escolar, al final parecía que nos reducíamos a números y todo giraba alrededor de dónde te situabas en una escala del 1 al 10 respecto a tus compañeros de la clase, algo que, como bien dices, puede ser realmente frustrante y contraproducente, pues desmotiva mucho al alumnado. Es por ello que sí, que aunque las rúbricas den mucho trabajo al principio, merece la pena y nos facilita a todos la vida.
Felicidades por tu entrada Lara.
Un saludo,
Xiana